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La resistencia de los libros

1 El gigante se encontrará con la Caperucita Roja; los niños se enfrentarán al Lobo Feroz. Sucede cada mañana de verano en la biblioteca comunal Hellen Keller, de la urbanización Mangomarca, en San Juan de Lurigancho, cuando la imaginación toma las riendas de la jornada.

 
David tiene 7 años, pasa a segundo de primaria, y sobre una hoja ha dibujado y escrito su propia “ensalada de cuentos”. Micaela tiene tres años, no sabe leer, pero ama las historias que emergen de los libros. Ahora dibuja con libertad su propia “ensalada de cuentos”.
 
“Buscamos fomentar el amor al libro y a la lectura”, explica el escritor y promotor cultural Carlos Villa Valle. Los miércoles y viernes, la literatura se hace verbo y sustantivo con talleres de escritura, que involucran a niños que sepan leer y los que aún no. Todos por igual se sumergen en el mundo de la imaginación gracias al cuento, el teatro y la poesía.
 
El año pasado, participaron de los talleres integrales creativos de la Hellen Keller 11 niños y adolescentes; este año llegan a la veintena.
 
En una mesa adyacente, algunos papás crean máscaras, mientras el profesor Siul Ónades apuesta porque los niños empiecen a manchar la tela, directamente.
 
2 La especialista Miriam Fuentes –la señora Pocha– recuerda que los talleres se han repetido año a año desde que el centro comunal y su biblioteca fueran inaugurados el 12 junio de 1983 por el presidente Fernando Belaunde.
 
La Hellen Keller es una de las bibliotecas más activas de Lima Metropolitana. Es la última de las seis bibliotecas comunales que se construyeron entre 1982 y 1983 en San Juan de Lurigancho, y una de las pocas que aún funcionan en la ciudad.
 
Pero, a pesar de sus 34 años, está en peligro de cerrar por temas administrativos, aseguran los usuarios, como si en el Perú sobraran los espacios públicos donde las personas se encuentran con los libros.
 
Para protegerla, los promotores de la cultura se han organizado y crearon el centro cultural Manqumarka en noviembre del 2016.
 
Una placa, que reza “El pueblo lo hizo”, recuerda que ocupa uno de los salones del centro comunal. En un momento aquí también funcionaron, en otros ambientes, el correo, una pequeña comisaría, talleres, el centro de salud. En tiempos del terrorismo, los policías tuvieron que salir.
 
3 Rogelio García es mediador de la lectura. Comenta que, desde la biblioteca, trabajan durante el año “diversas estrategias de lectura” para niños y adolescentes, con una mirada de “pedagogía de la comunidad”: direccionan su curiosidad tomando en cuenta la realidad.
 
La Heller Keller es un modelo de biblioteca, tanto que han venido de otras zonas del país para conocer su experiencia.
 
El actual ministro de Cultura, Alejandro Neyra, cuando era director de la Biblioteca Nacional del Perú también la visitó. Él respalda el trabajo de la Hellen Keller como espacio de lectura de la BNP, un “punto de cultura” en el distrito más poblado de Lima, pero presupuestal y administrativamente dependen del Ministerio de Educación.
 
“Ahora queremos pedir a Alejandro Neyra, que, de ministerio a ministerio, trate de defender esta biblioteca”, dice la señora Pocha. “No se trata de defender mi puesto laboral. Lo que pido es que garanticen el servicio de la biblioteca. Que venga si gustan otra persona, pero que garanticen el servicio, que es un derecho de la población. Que el Estado asuma ese deber”. Lo ideal, más bien, sería que se asigne una segunda plaza para así poder atender de lunes a domingo.
 
Pero el presupuesto es solo el sueldo de la encargada de la biblioteca. Los más de 5,000 títulos fueron donados gracias a la gestión de Fuentes. Las mesas y las sillas son de la época de Belaunde (solo se cambiaron las tablas de las mesas). Y lo que sobra de los talleres de verano sirvió para comprar los estantes donde nos aguardan obras de Julio Verne, Vargas Llosa, Chéjov, Rubén Darío, y otros.
 
4 Los promotores de Manqumarka y los dirigentes de la urbanización APTL recuperaron el ‘Salón de la Cultura’ (por 34 años en el ambiente almacenaban máquinas antiguas).
 
Desde el 2017 alberga diversas presentaciones y exposiciones históricas y de artistas jóvenes de la zona. Amén de ser espacio de reunión, donde el MinCul ha presentado sus proyectos y donde los de Manqumarka quieren traer a los candidatos a la alcaldía de su distrito para que debatan e incluyan la cultura entre sus propuestas electorales.
 
“Es un espacio que antes no había en Mangomarca”, subraya Julio Huamaní, presidente del centro cultural. En junio, la urbanización celebrará a lo grande “el mes de la cultura en Mangomarca” para recordar la creación de su biblioteca.
 
“Queremos hacer de Mangomarca una ‘aldea cultural’, un ejemplo de cultura viva. Nos aterra que en todo lo malo (delincuencia, contaminación), San Juan de Lurigancho sea primero. Nosotros combatimos la violencia con cultura; y promovemos el fomento del libro y la lectura”, dice Villa Valle.
 
La biblioteca pública Hellen Keller es un foco cultural. Rogelio García agrega que hablamos de un espacio que crea actividades culturales alternativas a la oferta que brinda la escuela a cada chico.
 
No sabemos si la Hellen Keller cumplirá sus 35 años. O si las caperucitas y Quijotes terminarán en algún almacén o si continuarán volando hacia la imaginación de una nueva generación de niños.

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